¿Eres un líder en primera persona o tercera persona? Averígualo!

El liderazgo en tercera persona va desde fuera hacia dentro, de la sociedad hacia el gestor, de la pluralidad hacia el individuo.

En el momento actual, cuando se asume que la crisis financiera está íntimamente ligada a una crisis de valores, un nuevo paradigma ético comienza a hacerse realidad. La creciente pluralidad de las sociedades occidentales, la mezcla de etnias, religiones, colectivos y generaciones con perspectivas y objetivos diversos; en definitiva, el pluralismo de las democracias liberales, ha jugado un papel determinante para el advenimiento de una nueva sociedad en la que la globalización, la interconexión y dependencia entre disciplinas, la accesibilidad al conocimiento en beneficio de un ciudadano mejor informado, el libre intercambio de experiencias, etcétera, ha conducido a la inevitable confrontación de mentalidades en el ámbito de la gestión, especialmente en el plano de los deberes éticos de los gestores y la pluralidad moral de las nuevas sociedades.

Este cambio en el entorno, en la sociedad global, en la aldea global, ha evidenciado la confrontación de dos modelos generales de liderazgo: un liderazgo representativo de momentos anteriores, donde pudo demostrar su eficiencia, que denominaremos “liderazgo en primera persona”, y un nuevo liderazgo socialmente demandado, o “liderazgo en tercera persona”.

Entendemos que el “liderazgo en primera persona” se caracteriza por ser individual, de autoafirmación, de autoconciencia, basado en el “qué se me exige” para ser mejor, para tener mejores resultados, para ser afable y autoritario, para saber dirigir el barco y dar órdenes al cómitre, que quiere estar a la altura de su conciencia, que desea proveer excelencia por sí mismo, mejorar basándose en la autoexigencia…En términos generales se trata de un liderazgo individualista y ejercido de dentro hacia fuera.

El “liderazgo en tercera persona”, por el contrario, es un liderazgo de fuera hacia dentro. Es una exigencia, que está cobrando cada vez mayor relevancia, de la sociedad hacia el gestor, de la pluralidad hacia el individuo, del acuerdo sobre la sanción, donde la acción de liderar se ve cualificada con lo cooperativo, colaborativo, participativo, distributivo… Un liderazgo en el que el criterio con arreglo a qué valores compartidos debe ser llevado a cabo viene determinado por un proceso adaptativo a la sociedad en general, y al grupo humano que depende jerárquicamente del líder en particular.

Para centrar este tipo de liderazgo se hace necesario responder dos preguntas: ¿Qué se espera de este tipo de liderazgo? ¿Qué valores lo rigen? Como axioma, este “liderazgo en tercera persona” debe respetar los aspectos morales de los individuos y contemplar, desarrollar, cumplir y obligar a gestionar bajo los principios éticos de la sociedad, bajo la premisa de que la ética es necesaria pero “además es rentable”. Un liderazgo, socialmente responsable que permita a las empresas y organizaciones alcanzar una excelencia socialmente responsable. Porque la mejor contribución que las empresas pueden hacer a la sociedad es ser excelentes en todos los ámbitos y aspectos.

Analicemos este liderazgo bajo dos perspectivas:

Bajo la perspectiva individual, de las personas, el “liderazgo en tercera persona” se define por respetar y facilitar que cada individuo pueda opinar y decidir por sí mismo en las materias que le afecten de una u otra manera, con conocimiento de causa y sin coacción de ningún tipo, lo que implica que su ejercicio determine también el correspondiente deber de cada uno de los liderados de respetar la autonomía de los demás. Es más, asume y facilita el derecho de toda persona a vivir de acuerdo con su propia concepción de su ideal de vida, perfección y felicidad, pero también el ejercicio de su sinónimo, esto es, el deber de cada uno de los liderados a buscar el bien de los otros, no de acuerdo a su propia manera de entenderlo, sino en función del bien que ese otro busca para sí. Ambos principios están íntimamente relacionados y deben ser gestionados bajo criterios de asertividad y de green workplace, bajo el criterio de que cuanto mejor sea el ámbito del desempeño profesional, mejor será el rendimiento, mayor la productividad y más elevada será la motivación y satisfacción de todas las personas que conforman el equipo. Son principios que se corresponden con la salvaguarda del “bien individual”.

Bajo la perspectiva social, el “liderazgo en tercera persona” se define por el respeto y cuidado del entorno de los liderados y de la sociedad en general, ya que este liderazgo promueve y ejercita el derecho de toda persona a no ser discriminada por consideraciones biológicas, tales como etnia, sexo, edad, situación de salud, etc. Además, este tipo de liderazgo es socialmente responsable y responde al derecho de toda persona a no ser discriminada por consideraciones culturales, ideológicas, políticas, sociales o económicas. Como liderazgo socialmente responsable, el “liderazgo en tercera persona” debe evidenciar que cumple con el deber de respetar la diversidad en las materias mencionadas, en lo estructural y en lo virtual, en lo individual y en lo social, y con el deber de gestionar esta diversidad para conseguir lo mejor de las personas, para las personas, y de colaborar para lograr una equitativa distribución de los beneficios y riesgos entre los miembros de la sociedad. Son principios que se corresponden con la salvaguarda del “bien común”.

A menudo, durante el ejercicio del liderazgo, los principios relacionados con el bien individual entran en contradicción con el bien común. Algunas circunstancias obligan o favorecen postergar alguno de los principios, otorgando la prioridad al otro. En tales casos, el ejercicio del principio médico primum, non nocere (ante todo, no hacer daño) prevalece. ¿Pero en qué orden? En estos casos hay que considerar las consecuencias de la aplicación de cada uno de los principios en conflicto y decidir de acuerdo con ello.

El “liderazgo en tercera persona” considerará que estos principios están jerarquizados, y esta jerarquización será transparente y responderá a dos preguntas: ¿Qué hay? Una persona, con total dignidad y sin precio. ¿Bajo qué valores? Los de una persona que pertenece libremente a un colectivo donde todos los miembros son iguales y merecen igual consideración y respeto.

Si las empresas y organizaciones no tienen un buen desempeño, las naciones tampoco, y el desempeño depende en gran medida del liderazgo ejercido. La semilla del cambio ya ha sido sembrada entre los ciudadanos, y cada vez más sus decisiones de compra estarán vinculadas a la responsabilidad de las empresas. Las nuevas generaciones tienen esto claro. Se mueven en general bajo criterios de respeto por el medio ambiente, consumo responsable y ecológico, ahorro responsable… En definitiva, por el principio de que somos co-creadores del mundo que habitamos y que los pequeños gestos y las decisiones individuales ayudan a cambiarlo. Pero además estas nuevas generaciones necesitan creer en lo que hacen, y en que lo que hacen contribuye al bien individual y al bien común. La falta de propósito y de sentido les genera un gran vacío.

Estos sentimientos que guían importantes colectivos de las nuevas generaciones han comenzado a calar fuerte en la ciudadanía en general. Es precisamente la asunción de esta responsabilidad personal el pilar del nuevo paradigma económico que está emergiendo, la denominada “economía consciente”, cuyo objetivo es que todos los agentes implicados –empresas, instituciones, personas y sociedad en general– cooperen para crear un bienestar social y económico eficiente y sostenible.

Ya no se puede gestionar solamente en el corto plazo y justificando cualquier medio para lograr los objetivos, establecidos en ocasiones con un criterio especulativo guiado por el bien individual, sin importar los medios que se empleen para conseguirlos ni los efectos que el exceso de codicia ocasiona sobre los seres humanos y el planeta en el que vivimos. El corto plazo es necesario, pero debe ser enfocado como un escalonado para conseguir, con criterios éticos, los objetivos estratégicos establecidos a medio y largo plazo, que incorporarán necesariamente criterios del bien individual y criterios del bien común. Lo define bien la tradición de los indios cri de Quebec al afirmar que “la tierra no la heredamos de nuestros padres, nos la prestan nuestros nietos”, y enfocar la sostenibilidad  como el no comprometer los recursos de al menos las 7 próximas generaciones futuras. Y en este entorno, la transparencia en la comunicación será determinante para ganar en reputación.

El cambio en el entorno, en la sociedad global, en la aldea global, está dando paso a una economía consciente, que requiere un liderazgo en tercera persona caracterizado por el respeto y gestión de la diversidad y por la salvaguarda del “bien común”. Un liderazgo ético, que permita a las empresas y organizaciones alcanzar una excelencia socialmente responsable, que a través de la propia rentabilidad y competitividad de las empresas beneficie a las personas que en ellas trabajan, a la sociedad en general y al propio país. Porque la mejor contribución que las empresas pueden hacer a la sociedad es ser excelentes en todos los ámbitos. De aquí que una gestión mecanicista y puramente materialista amenace la supervivencia de las compañías más irresponsables.

Por parte de la sociedad se impone un liderazgo que reconozca la autoridad de las personas como ciudadanos y como trabajadores, en beneficio de un proyecto ético de la humanidad. Un liderazgo basado en la recuperación de la autoridad, entendida ésta como la irradiación de la excelencia personal en una relación social. Un liderazgo que cada vez tenga más claras las interrelaciones entre las personas y la sociedad en general, las empresas y el sistema, porque como establece José Antonio Marina, la inteligencia humana puede “fracasar”. El líder individualista, el líder que no se permea con los requerimientos de la sociedad, el líder que ejerce el liderazgo en primera persona, puede fracasar.

Autora: PALMIRA LÓPEZ-FRESNO, directora de proyectos y delegada en Cataluña del Club Excelencia en Gestión

Fuente: Revista Capital Humano N°40 edición para Chile

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