Innovación

Innovación y Capital Humano Emprendedor

Es necesario conseguir que se desarrolle una cultura emprendedora donde la mejora continua, la innovación y la orientación a la eficiencia, calidad y resultados sean valores asumidos por todas las personas.

El Capital Humano de la empresa, es el potencial acumulado de todas las personas que trabajan en la empresa, sin exclusión alguna. Es en las personas donde reside la capacidad de innovar, de mejorar, de emprender, de llevar a la práctica las ideas y los proyectos empresariales.

El principal factor de éxito de una organización empresarial es la calidad de su talento, unida a la capacidad de ésta para obtener de él el máximo rendimiento. Es necesario, por tanto, conseguir que en nuestra empresa u organización anide y se desarrolle una cultura emprendedora donde el emprendimiento, la mejora continua, la innovación y la orientación a la eficiencia, la calidad y los resultados sean valores asumidos por todas las personas y éstos se traduzcan en un compromiso, actitudes y comportamientos.

La clave del éxito, lo que distingue al campeón, es su capacidad de ser algo mejor que el resto; de dar algo más, de volar unos metros por encima de los demás. Esto depende en gran medida de la capacidad (potencial) de la empresa de generar ideas y de ponerlas en práctica para mejorar y para innovar.

Para que en una organización surjan ideas, es necesario que todas las personas, incluido el equipo directivo, se involucre. El papel de los altos mandos tiene que ser el de orientar, apoyar, servir de modelo, animar  y promover ideas de futuro. Hay mucha diferencia entre los líderes que consideran a sus empleados como fuente importante de ideas de mejora a los que los ven como un costo a minimizar. Es clave un perfil de directivo muy atento a las personas y a sus capacidades y competencias, pero también a sus necesidades de desarrollo personal y profesional; un directivo que sea capaz de gestionar la diversidad y la paradoja; un directivo hábil en la navegación a vista pero a la vez que sepa alzar la cabeza y mirar al futuro con prospectiva, confianza y entusiasmo.

El apoyo de la Dirección se traduce en acciones específicas que favorecen la involucración de los profesionales de la empresa en proyectos de innovación, creación o mejora. El apoyo continuado, visible y efectivo de estos proyectos suele plasmarse en el estímulo a las iniciativas, la asignación de recursos, el seguimiento continuo y el reconocimiento de los esfuerzos realizados y los resultados obtenidos.

No sólo la investigación, el desarrollo, la innovación han de estar instalados en la cultura y funcionamiento de la empresa, sino también los proyectos emprendedores, que deben estar apoyados y liderados por el más alto nivel de la organización. Son los altos directivos de la empresa y, en general, sus líderes, los que están llamados a ejercer esta responsabilidad y para que ésta sea efectiva, deben ser los primeros en estar convencidos y adherirse a todos estos conceptos y nuevos modelos de gestión pues las personas captan inmediatamente cuando un directivo no está convencido de ello. Las organizaciones deben poner en marcha procesos para identificar el talento emprendedor y no perderlo, porque bien gestionado es una fuente segura de resultados y reconocimiento para la compañía.

La implicación de los altos mandos tiene que ser tal que debe garantizar que, cualquier idea, venga de donde venga, se procese de manera rápida y, se disponga de los recursos adecuados para su implantación. Tendrán que implicarse de manera personal en la implantación de ideas, cuyo impacto sea significativo y afecte a distintas funciones de la organización. Para ello, es necesario que, tanto empleados como directivos, reciban la formación y el apoyo adecuados y, conviertan el tener ideas en parte fundamental de su trabajo. Para que esto ocurra es necesario un sistema que funcione bien y esté perfectamente integrado en el quehacer diario de la organización, un “sistema de ideas” que garantice que las ideas de los empleados se gestionan de manera coherente e imparcial.

Aunque cada organización debe diseñar su “sistema de ideas” según sus necesidades específicas, existen ciertas características comunes a todos ellos: se anima a los empleados a tener ideas y éstas son bien acogidas, el proceso de comunicación de ideas es sencillo, se evalúan las ideas de manera rápida y eficaz, se da a conocer a la persona en qué estadio está su idea, una implantación rápida y fluida, se revisan las ideas en busca de nuevas aplicaciones o beneficios, se reconoce a las personas que generan ideas y el rendimiento del sistema de ideas se mide, revisa y mejora.

Todas las empresas buscan contar con personas que trabajen y tomen decisiones con mentalidad de empresario. Profesionales con el liderazgo y la iniciativa necesarios para enfrentar cualquier reto que el mercado les ponga, capaces de involucrar a los demás en su proyecto. Y lo cierto es que este talento es escaso en nuestras organizaciones, por lo que hay que hacer un esfuerzo por aflorarlo y darle las oportunidades y el protagonismo que se merece.

Todos y cada uno de nosotros en la empresa, estamos llamados a dar el máximo de nuestra capacidad, que es muchísima, para perfeccionar permanentemente todo lo que hacemos, para desarrollar nuevas aplicaciones a partir de nuestros propios éxitos, para mejorar, para innovar, para llevar a la práctica nuevos emprendimientos. Pero todo ello de un modo organizado, a través de un proceso sistemático soportado por herramientas y modelos de gestión adecuados.

Es imprescindible que seamos capaces de crear marcos de trabajo adecuados para detectar y potenciar a esos trabajadores que se pueden comportar como empresarios dentro de sus organizaciones y al frente de sus departamentos.

Las iniciativas emprendedoras requieren de una persona que lidere el desarrollo de una idea en el seno de la empresa. Esta persona tiene capacidad para visualizar o asumir oportunidades de negocio (mejoras, transferencia de metodología, innovaciones…) y afronta el reto profesional de traducirlas en una realidad tangible para la organización, involucrando al equipo y al resto de la compañía en su implantación. El papel del equipo en el desarrollo del emprendimiento es clave, dado que actúa como catalizador de todas las ideas y acciones propuestas, lleva a la práctica los planes acordados y da estímulo y fuerza a su líder para culminar con éxito el programa. El equipo Directivo es un potente motor de desarrollo del entorno emprendedor que, a través de las estrategias diseñadas, crea un escenario en el que se facilita un espíritu de creación entre las personas, se gestionan un conjunto de factores que orientan las iniciativas para incidir de forma directa en la transformación del negocio.

Además, la actividad emprendedora en la empresa requiere un entorno organizacional, donde el error no sea penalizado, donde las iniciativas novedosas puedan convivir con la actividad tradicional de la organización, donde las líneas jerárquicas y funcionales permitan un cierto margen de actuación fuera de ellas y donde la dirección apueste claramente por cuestionar las soluciones y formas de hacer tradicionales.

Los esfuerzos de las organizaciones por propiciar, impulsar, apoyar y reconocer los comportamientos emprendedores han de tener, necesariamente, un impacto positivo en los resultados, tanto por lo que se refiere a la medida última del éxito empresarial –los resultados económicos– como en cuanto a variables intermedias clave para la gestión (relativas a clientes/mercado, eficiencia/procesos y personas).

El emprendedor y/o intraemprendedor, en cierta medida, “se hace” y numerosos estudios han demostrado que con la capacitación adecuada y en un entorno propicio las personas pueden adquirir el sentido de riesgo y la iniciativa que se requiere para comenzar una aventura empresarialdentro o fuera de la empresa. La cultura, los valores o la estrategia pueden favorecer o entorpecer el desarrollo de las iniciativas y sólo en organizaciones donde los sistemas formales están orientados al emprendimiento o a la innovación, los emprendedores, las personas, son los que realmente conciben y consiguen hacer realidad las ideas, muchas veces  venciendo la resistencia encontrada en la organización.

Cuando hablamos de que el emprendedor adquiere el sentido de riesgo es que no teme a nada y mucho menos al cambio. Hoy en día el trabajador que nos encontramos es un trabajador del conocimiento capaz de asumir mayores riesgos. La formación ha dejado de ser un privilegio de unos pocos para tener una difusión extraordinaria; el porcentaje de personas de ambos sexos que acceden a una titulación universitaria es muy amplio y proporciona a estas personas capacidad de criterio y de elección como nunca en la historia. Nace así el trabajador del conocimiento bastante distinto en aspectos fundamentales del trabajador de épocas pasadas.

La actividad emprendedora puede materializarse en la empresa con distinto grado de generalidad e intensidad.En su sentido más amplio y genérico podemos constatarla cuando sus profesionales se comportan como si la empresa fuera “suya”, e imprimen en sus acciones el compromiso, la dedicación, la imaginación y la ilusión que los verdaderos emprendedores ponen en sus aventuras empresariales. En su sentido más estricto, la actividad intraemprendedora se plasma en la creación de nuevos negocios que se añaden a la actividad tradicional de la compañía, amplían su impacto en el mercado e incrementan significativamente sus resultados.

Quien sea capaz de generar ideas innovadoras que se traduzcan en proyectos emprendedores y los sepa liderar y llevar a la práctica, cosechará el éxito.

Autor: MERCEDES HERNÁNDEZ, Gerente de Operaciones del Club Excelencia en Gestión

Fuente: Revista Capital Humano N° 23 Edición para Chile

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